Acceso exclusivo alumnos
Un poco de historia
El Plan Defensivo de Güemes
Autor: Licenciado Luis Oscar Colmenares
Martin Miguel de Güemes concibió un Plan de Lucha para defender la libertad y la independencia de las provincias que formarían la República Argentina. Lo primero que hizo fue crear todo un ejército, con características propias. Güemes, jamás fue un jefe montonero. Lo fue de milicias, es decir de una fuerza sujeta a reglas, las que se cumplían estrictamente.
El ascendiente que tenía Güemes sobre sus milicias gauchas por su condición de caudillo y el hecho de ser, a la vez un pundonoroso militar de carrera, le permitieron ser obedecido ejemplarmente tanto por los gauchos como por los soldados y oficiales de las fuerzas veteranas. El ejército de Güemes fue una fuerza muy disciplinada compuesta por milicias gauchas y por militares veteranos y milicianos, que eran jefes y oficiales de las divisiones y escuadrones.
Los milicianos eran convocados cada vez que se los necesitaba y ellos accedían con presteza y sin vacilar al llamado del militar - caudillo
Güemes había realizado una guerra de recursos o de guerrillas desde 1814 (cuando fue comandante de avanzada en el Río Juramento) y hasta la victoria obtenida en el Puesto Grande del Marqués. Durante ese lapso cumplió su labor al frente de milicias gauchas auxiliando al Ejército del Norte.
A partir de 1816, cuando se le encomendé la defensa de las provincias, la situación varió fundamentalmente. Tuvo que encarar un vasto plan de operaciones con solo las fuerzas a su mando. Así actuó durante cinco años, hasta su muerte el 17 de junio de 1821 conteniendo siempre las invasiones realistas.
Güemes nunca sostuvo una batalla campal al estilo clásico por que sabía bien que no contaba con fuerzas ni armamento adecuados para vencer en este tipo de combates. Imaginó otro tipo de lucha, al estilo de la guerra de guerrillas o de recursos que ya había efectuado anteriormente secundando al ejército, pero mucho más vasta y profunda. Ya no fueron operaciones secundarias, complementarias o de avanzada, a cargo de una sola división. Fue todo un ejército integrado fundamentalmente por milicias y que llegó a tener 6.610 hombres, con el que enfrentó a calificadas fuerzas regulares compuestas también por miles de soldados.
La zona de los combates fue muy grande. 5e extendía desde el extremo sur de la actual Bolivia hasta el Río Juramento, de norte a sur, y desde la zona de San Pedro de Atacama (hoy pertenece a Chile) hasta el Departamento de Orán, de oeste a este.
Alrededor de 150.000 Km cuadrados. A veces el enemigo penetró simultáneamente por distintos pasos pero corno el prócer tenía adecuadamente distribuidas sus fuerzas y contaba con exploradores o partidas volantes, siempre había milicianos en condiciones de enfrentar al invasor o de requerir los auxilios necesarios.
Dentro de este extenso escenario la forma de obrar de las fuerzas de Güemes fue la siguiente: atacar por los flancos y la retaguardia, inmediatamente después que el ejército enemigo comenzaba la invasión. El ataque tendía siempre a ser sorpresivo y estaba a cargo de grupos o partidas que se retiraban antes de que el enemigo pudiera organizar la defensa. Los ataques se repetían una y más veces, de día y de noche, mientras avanzaba el invasor. Cuando éste se detenía y destacaba una o más divisiones en busca de alimento, eran acosadas constantemente por los gauchos. En algunos casos, cuando las partidas que destacaba no tenían muchos soldados, había enfrentamientos en campo abierto o más de un triunfo completo de las milicias gauchas.
En tales ocasiones los vencedores regresaban con algunos prisioneros y era raro el soldado enemigo que retornaba al lugar donde había acampado el invasor.
Cuando el invasor había sido contenido, varios escuadrones gauchos ya estaban preparados para actuar durante la retirada del enemigo. Y nuevamente ocurría el ataque por los flancos ola retaguardia, de día, de noche, en marcha o durante el descanso o durante todo el tiempo que los realistas tardaban en evacuar el territorio salto - jujeño.
Así fueron rechazadas todas las invasiones. Desde que Güemes estuvo a cargo de la defensa, la primera invasión fue la comandada por el general José de La Serna, quien llegó de España a fines de 1816 con oficiales y tropas que habían vencido a fuerzas de Napoleón Bonaparte.
Fue la invasión más tenaz y durable. El invasor creyó que en menos de un año llegaría triunfante a Buenos Aires. EI 22 de septiembre de 1816, a los cinco días de haber desembarcado en el puerto de Arica, La Serna le escribía al Virrey Pezuela diciéndole: ?Creo podría lisonjearme al asegurar a V.E. formaría un cuerpo de ejército capaz de entrar a Buenos Aires para el mes de mayo del próximo año?. Lo que realmente ocurrió fue que en mayo de 1817 José de La Serna y su ejército emprendían la retirada desde el valle de Lerma (Salta), ante la imposibilidad de superar la acción defensiva de las milicias gauchas de Güemes y dadas las constantes bajas que sufrían. Lo mismo ocurrió con los demás ejércitos invasores que siguieron sus pasos. Ninguno pudo atravesar la Intendencia de Salta.
Extraído de la separata del Boletín Nro. 16 del Instituto Güemesiano de Salta
General Martín Miguel de Güemes: Obstáculos en la luminosa trayectoria de su vida
Por el coronel (r) Julio Sergio Jovanovics Usandivaras
En la vida de todo hombre común siempre ha hablo momentos tristes y momentos alegres, fracasos y triunfos, épocas amargas y épocas felices, situaciones desagradables y situaciones agradables. Pero en el caso de un prócer de la Independencia argentina como el General Martín Miguel de Güemes, todos esos hechos desagradables, tristes, amargos, fueron obstáculos que contuvieron transitoriamente la brillante vida puesta al servicio de la Patria.
Mucho se ha dicho ya sobre los hechos heroicos, sobre su desempeño ejemplar como hombre de armas, caudillo de sus legiones y también sobre su comportamiento como gobernante sacrificado y cumplidor de sus funciones específicas, pero muy poco se ha hablado de su férrea voluntad de continuar con el objetivo de su vida, que era conseguir la libertad de su suelo patrio, no obstante todos los inconvenientes que se le presentaron en su corta existencia; las injusticias que tuvo que aguantar de sus superiores; y los obstáculos que le ponían en su camino, los enemigos de su pensamiento, como militar o gobernante de un pueblo en guerra.
Muchos de estos hechos desagradables que se le presentaron fueron cometidos porque los autores desconocían su personalidad o por equivocaciones o razones políticas. Muchos de ellos también por envidia. provocada por su condición de líder de sus hombres en armas y conductor de un pueblo entero, en una guerra irregular, una guerra sin igual, realizada con toda precisión y eficiencia, llegando a cumplir el objetivo propuesto, cosa que no pudieron conseguir los ejércitos equipados y armados enviados desde Buenos Aires por los distintos gobiernos que se sucedieron.
Se inicia esta luminosa trayectoria en Buenos Aires, cuando las invasiones inglesas, donde Güemes actúa como cadete en la primera y segunda invasión destacándose hasta tal punto, que merece el ascenso a subteniente después de diez años como cadete. Dicho ascenso fue concedido mediante Real Cédula fechada en Sevilla el 13 de Enero de 1869.
De regreso en su ciudad natal, se desempeñaba como teniente de milicias hasta que conocida la noticia de la Revolución de Mayo, el Gobierno lo envía con un grupo de milicianos a la Quebrada de Humahuaca con una misión secreta. Esta no era otra cosa que la de interceptar toda correspondencia entre el Virrey del Perú y los realistas de Córdoba y Buenos Aires, como también detener a los que querían viajar desde el sur hacia el Alto o Bajo Perú.
Destacado en la población de Humahuaca, Güemes aumentó el número de sus fuerzas con voluntarios procedentes de Jujuy y Tarija hasta lograr reunir un efectivo de importancia. Cuando arribó el Ejército Auxiliar del Perú al mando de Don Antonio González Balcarce, las milicias de Güemes se incorporaron a la vanguardia como partida de observación, por su gran conocimiento del terreno y la habilidad para desplazarse, viendo sin ser vistos.
Corría el mes de Noviembre de 1810 cuando se lleva a cabo la batalla de Suipacha. Ahí se produjo el primer obstáculo en su luminosa trayectoria, y ocurrió así: después del triunfo de las armas patrióticas, en el parte, redactado por Castelli, delegado de la Junta de Mayo, no figuraba Güemes. Fue ignorado u olvidado, pero lo real y cierto es que no se lo menciona para nada.
Cabe aquí hacer una pregunta; ¿Puede ser olvidado o ignorado un hombre que lucho con toda valentía en la batalla? ¿Es posible que no se mencione a un oficial que aunque mandaba milicias gauchas se destacó notablemente en la acción?. Los historiadores de esa época y los que investigaron posteriormente este hecho guerrero coinciden en destacar que la actuación no sólo fue brillante, sino decisiva y para conseguir ese primer triunfo de las fuerzas patriotas, tanto, que hubo algunos de ellos que le adjudican el cien por ciento del triunfo y hasta lo llaman ?el verdadero héroe de Suipacha?.
Además, conviene recordar que los hombres que murieron y los que quedaron heridos, pertenecían todos a las milicias de Güemes lo que demuestra realmente que los que combatieron fueron ellos. Hasta la planificación de la batalla basada en el engaño y la astucia fue obra de nuestro héroe, como dice el Dr. Bernardo Frías en su bien conocida historia, ya que González Balcarce, comandante militar, núnca antes, utilizó esa forma de combatir para conseguir el éxito.
Para Güemes era la característica de su manera de afrontar un combate contra fuerzas más numerosas y aguerridas. Mucho le debe haber dolido al entonces Capitán Güemes esta injusticia pero continuó en cumplimiento de su deber como militar. Suipacha fue una victoria total, tanto que el ejército pudo continuar su marcha y llegar sin inconvenientes a la rica Villa de Potosí; siendo Giiemes el primero en entrar, recibiendo los aplausos de la población.
Reunido todo el Ejército allí, aprovechó Don Martin la oportunidad para hablar con Castelli, delegado de la Junta con amplios poderes y reclamarle el olvido de Suipacha y la lentitud con que avanzaba el Ejército, desaprovechando el momento psicológico para no permitirle al enemigo reorganizarse y hacer frente nuevamente,
No se sabe en que términos hizo este reclamo, pero si se sabe que allí mismo ordenó la disolución de la División de Salta y ordenó que sus efectivos pasaran a integrar otras unidades de combate. Su jefe fue enviado de regreso a su ciudad natal. Este segundo obstáculo lo deprimió profundamente, tanto que le costó bastante sobreponerse.
El tiempo le dió la razón a Güemes, puesto que el desmoralizado ejército realista se reorganizó y preparó, y casi siete meses después estaba en condiciones de enfrentar nuevamente a los patriotas. Esto ocurrió el 20 de Junio en Huaqui, logrando una victoria completa con lo que se puso punto final a esta primera campaña del Ejército Auxiliar perdiéndose cuatro provincias. Eran ellas: Potosí. Cochabamba, Charcas y La Paz, que ya se habían adherido a la Junta de Mayo.
En enero ele ese mismo año, Güemes había regresado a Salta pera en Marzo fue enviado transitoriamente a Jujuy, donde el Comandante en Armas y Presidente de La Junta Subalterna Don Mariano Ramón de Saravia, le dió la orden de que detuviera al Sargento de milicias y Teniente Alguacil Mora, por el delito de insubordinación. Güemes entra al Cabildo sable en mano, lo desarmó y lo condujo detenido al insubordinado subalterno. El Cabildo de Jujuy nunca le perdonó a Güemes la que consideraba un agravio. ¡Otro obstáculo en su trayectoria! y solamente por cumplir una orden superior. Si bien fue una pequeña sombra, tuvo gran trascendencia posteriormente porque los cabildantes jóvenes lo tomaron como uno de los argumentos para pedir la separación definitiva de la ciudad de Jujuy y su distrito de campaña. de la gobernación Intendencia de Salta.
En el mes ele Julio nuestro prócer estaba nuevamente en Salta cuando llegaron las tristes noticias del desastre de Huaqui o Desaguadero. Entonces, parte nuevamente hacia la Quebrada con la misión de contener a los desertores del desmembrado Ejército Auxiliar y realizar la exploración sobre las fuerzas realistas que los perseguían.
Con fecha 23 de Julio, fue reincorporado al Ejército Auxiliar Perú. En Tarija reorganizó las guerrillas que le respondían, porque también eran salteños sus integrantes y le dió escolta a Pueyrredón que venía con los caudales desde Potosí a lomo de mulas cargueras.
En Oran se le agregó otra escolta mandada por Dn. Rudecindo Alvarado y finalmente llegaron a Campo Santo. El salvamento de esos caudales proporcionó al gobierno patrio la posibilidad ele continuar la lucha.
Luego de este acontecimiento el General Pueyrredón se hace cargo del mando del Ejército y designa al General Díaz Vélez, jefe de la Vanguardia quedando a cargo de Güemes la conducción de la cabeza de la fuerza. En Septiembre del año 1811, Giiemes es ascendido a Teniente Coronel graduado.
Esto fue como una reivindicación del olvido de Suipacha y se lo concedió el propio General Dn. Cornelio Saavedra, Presidente de la Junta Grande, cuando llegó a Salta para ver de cerca a ese ejército derrotado, desmoralizado y en plena retirada sin haber podido cumplir la misión encomendada. Nuevamente actúa Güemes en Tarija, adonde es enviado a sofocar una rebelión pro-realista.
Cumplida esta misión regresa a su puesto habiéndose apoderado ele quinientos fusiles, dos cañones de pequeño calibre, ganado, alimentos. municiones y hasta dos mil pesos en plata que tenían 105 revolucionarios para ser entregados al enemigo.
Más aún, trae consigo setenta hombres bien dispuestos para la lucha. A principios de 1812 el Triunvirato designa al General Manuel Belgrano como Jefe del Ejército Patriota del Alto Perú en reemplazo del General Juan Martín de Pueyrredón, que regresa enfermo.
Es entonces que la luminosa trayectoria de nuestro prócer se ve oscurecida por una gran sombra que duró un año. Ese largo año lo pasó Güemes en Buenos Aíres, alejado de su tierra natal y de sus milicias gauchas, que lo seguían fielmente.
Fue un episodio muy desagradable para nuestro héroe, aislado y solitario a 1700 km. De distancia de donde se desarrollarían tantos acontecimientos importantes. El responsable de eso fue nada menos que el General Belgrano. Mucho se ha investigado este suceso y algunos historiadores opinan que fue un grave error del General que estuvo mal asesorado y peor influenciado, de que el Teniente Coronel Güemes hacía una vida pública con una dama casada a quién había abandonado el Marido, escandalizando a la población de Santiago del Estero, donde estaba cumpliendo una comisión de servicio que no era otra cosa que preparar las bases de abastecimiento para la retirada del ejército, hacía el sur. Le dio 24 horas para viajar a Buenos Aires.
Güemes cumplió la orden como disciplinado militar de carrera pero reclamó por nota y solicitó se le informaran las causas de tal determinación. El gobierno central pidió un informe a Belgrano y éste presentó uno, que cuesta creer que lo haya escrito él.
Pero lo queda documentado es lo que vale históricamente y ese documento dice así:
?..... Las virtudes y servicios militares de este individuo de que ha sido informado vuestra excelencia, no son tantas ni de tanto valor como se ponderan vulgarmente. Virtudes justamente no se le han conocido jamás y sus servicios han sido manchados con ciertos excesos, o mejor diré delitos de que tengo fundamentos muy graves para creerlos, aunque no documentos, porque cuando llegaron a mi noticia, juzgué inoportuno y extemporáneo el indagarlos. Por lo mismo considero que no podrá ser útil en este ejército que trato de depurarlo de toda corrupción a toda costa?
Esto fue escrito el 26/02/1813
Lo que más le debe haber dolido a Dn. Martín Migue es que ni siquiera lo conocía, ni se había molestado en averiguar si cumplía o no la misión le habían confiado. Dn. Atilio Cornejo en su Historia de Güemes, lo justifica diciendo que la vida privada de un joven soltero de veintiocho años no era ni más ni menos que la de la mayoría de los oficiales y jefes del Ejército de esa época.
También queda documentado para la posteridad la carta que el Gral. Belgrano le escribe a su amigo Don Feliciano Chiclana, menos de dos meses después, y dice así:
".... Si Ud. no presta oídos más que a los patriotas, le llenarán la cabeza de especies y lo acalorarán como me sucede a mí mismo, pero, luego doy lugar a la reflexión, observo las consecuencias y me detengo de hacer disparates, algunos he hecho antes de ahora por mi ligereza, de que estoy arrepentido; Ud. sabe cual es mi lenguaje y que siempre digo lo que pienso...?
Es posible que Belgrano se haya arrepentido después de reflexionar y conocer más a los que le llenaron la cabeza contra Güemes, porque como él mismo confiesa tiene informes, pero no documentos.
Al poco tiempo de asumir Güemes la Gobernación Intendencia de Salta, ya se carteaba con Belgrano y se había entablado una relación muy amistosa que duraría toda la vida.
Hay documentos que muestran hasta que grado resultó esa amistad ya que Belgrano se dirige a Güemes encabezando las cartas como ?mi amigo y compañero querido? y este le contesta que ?Güemes se lisonjea de tener por amigo un hombre tan virtuoso como usted?, y termina una de las cartas diciéndole: ?Así pues, trabajaremos con tesón y empeño, que si las generaciones presentes no nos son ingratas, las futuras venerarán nuestra memoria, que es la recompensa que deben esperar los patriotas desinteresados?. Proféticas palabras del joven Coronel Güemes.
Es de destacar que el alejamiento de Güemes en Buenos Aires a pesar del dolor moral que experimentó por tal determinación, resulté después de todo muy productivo para él y para la patria, en consecuencia. La permanencia en Buenos Aires le sirvió a nuestro prócer para conocer al que más tarde sería el Libertador General San Martin. Ese conocimiento si bien no está documentado tiene que haber existido porque hay documentos que hacen suponer, conociendo históricamente a los protagonistas de que así fue.
Cuando el Gobierno Nacional designa al entonces Coronel San Martín para que marche a Tucumán con una fuerza auxiliar urgentemente, después de las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma, Güemes le solícita partir bajo sus órdenes y ese mismo día 6 de Diciembre, San Martin deriva la nota a la autoridad superior con el agregado textual puesta por él que dice así: ?El Teniente Coronel Don Martín Miguel de Güemes cree sumamente útil a la expedición auxiliadora del Perú que Vuestra Excelencia, ha puesto a mi cargo; la opinión y concepto de este Oficial y sus servicios constantes por la causa me hacen interesarme con Vuestra Excelencia a fin de que su solicitud tenga el éxito que solicita?.
Al día siguiente, Güemes es designado para marchar con San Martin como Teniente Coronel de Caballería, no obstante haber estado agregado al Estado Mayor General, percibiendo su sueldo como Capitán de Infantería. Ese concepto, agregado por el futuro Libertador San Martín, da cuenta de que ya conocía a Güemes porque no se puede poner la opinión y concepto de este oficial, más creer que va a ser sumamente útil a la expedición, de una persona desconocida, por lo menos ese es el procedimiento de un militar de carrera.
Caso contrario hubiera agregado solamente: ?elevo a esa superioridad la presente solicitud a sus efectos? y esperar la resolución con la demora necesaria para que ellos averigüen sus antecedentes y resuelvan lo más conveniente. Además, llama la atención que al día siguiente Giiemes fuera designado lo que demuestra que San Martín llevó personalmente la nota al Estado Mayor y se interesó por la resolución favorable.
El Historiador salteño radicado en Buenos Aires, Don Carlos Gregorio Romero Sosa, que es también un estudioso de la Genealogía opina que ese contacto previo entre San Martín y Güemes se realizó en la casa de los Escalada, a la que ambos concurrían, uno como pariente (los Güemes y los Escalada) y el otro corno novio de Remedios.
Tengo en mi poder una carta de Romero Sosa que dice así:
?Güemes, en efecto, a su llegada a Buenos Aires para continuar su aprendizaje militar como cadete, debe haber venido directamente recomendado por u padre a la familia paterna de Remeditos, ya que indudablemente, existen vínculos genealógicos comunes entre la familia de Güemes Montero (Padre de Don Martín) y los Escalada."
El genealogista porteño, Dr. Felix Martí y Herrera, en su monografía: ?Los próceres Escalada? (publicada en la revista Genealogía del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas, (número dedicado a los ?hombres de Mayo?, año 1961, 146 pág.), noticia que en la península figuró en la primera mitad del siglo XVII, el caballero hidalgo Don Pedro de Escalada y Pedroza de Güemes, nacido en la casa solariega de sus mayores, el solar ancestral de Santa Cruz de Castañeda, en Castilla la Vieja donde vio la primera luz del día el 15 de Octubre dc 1Gb
Dicho hidalgo es el bisabuelo de los próceres Francisco Antonio José Escalada, el segundo de ellos, a su vez, fue padre entre otros hijos, de Maria Remedios De Escalada y de la Ouintana dama patricia porteña, esposa del General Don José de San Martín.
Por otra parte, también consta documentalmente y se registra en la obra "Güemes documentado? la coincidencia de vinculaciones entre el padre del más tarde General Güemes con los García de Quintana, de España, parientes indudables de los de la Quintana y Riglos, de la madre de la nombrada Remedios Escalada de San Martín.
En efecto, Don Pedro García de la Quintana, personaje español, residente en la metrópoli a mediados del Siglo XVIII era uno de los escribanos del Rey y en 1773 se desempeñaba en el santanderino ayuntamiento del Real Valle de Carriego. En ese carácter testificó el nombramiento de Don Manuel de Güemes Montero (abuelo paterno de Don Martín Miguel) como Alcalde del pueblo de Abionzo, en el referido valle de Carriego.
En las largas tertulias de la época, mucho tienen que haber conversado ambos, y mucho haber aprendido uno del otro. Ambos eran jóvenes, ambos militares de carrera y ambos bien compenetrados de los ideales patriotas de Mayo. Es seguro que intercambiaron experiencias y conocimientos. Güemes como conocedor del país y del terreno de la zona de operaciones y sus pobladores, y San Martín como conocedor de la Organización Militar y de conducción superior estratégica y operacional. De ese intercambio de conocimiento y de experiencias nacieron las dos únicas campañas triunfantes que produjo la Revolución de Mayo de 1810: La Campaña de Chile y la Campaña de Salta.
La Campaña de Chile o de los Andes, concebida para ser un movimiento estratégico ofensivo y llegar hasta el Perú por mar, donde estaba el corazón de la dominación realista; y la Campaña de Salta Operativamente defensiva y tácticamente ofensiva, para evitar la penetración realista al interior del territorio patrio, que hubiera hecho peligrar la independencia nacional y la Campaña de San Martín.
Es decir, que estaban íntimamente ligadas y eso sólo puede surgir de las largas conversaciones que mantuvieron, tanto en Buenos Aires, como durante el trayecto, conduciendo los refuerzos hasta Tucumán a lo largo de cincuenta y seis postas, desde Morón hasta Tucumán, por el camino que Güemes ya había hecho en tres oportunidades anteriores.
Güemes conocía al enemigo por haber luchado contra él durante dos años y San Martín lo conocía por haber hecho su carrera militar en sus propias filas. En síntesis, podemos decir que el largo obstáculo que oscureció parte de la vida de Don Martín con ese alejamiento entre él y su tierra natal, le sirvió para hacer brillar con más nitidez su futura trayectoria.
Nuestro héroe olvidó pronto ese episodio, aceptó las disculpas de Belgrano y se dedicó desde el momento de cruzar el Río Pasaje o Juramento a organizar sus momentáneamente abandonadas milicias gauchas y puso todo su empeño en materializar esa forma de combatir, esa forma de luchar, esa forma de hacerle frente al enemigo con todo un pueblo, que llegó a ser admirado hasta por los propios realistas, cuando uno de ellos exclamó: ?a este pueblo no lo conquistamos jamás?.
Así llegamos a 1815 con el Ejército auxiliar al mando del General Rondeau en reemplazo del General San Martín, y Güemes como comandante General de Avanzadas con el grado de Coronel, ascendido el año anterior por el director Posadas.
A raíz de un incidente entre el Coronel Martín Güemes y el Coronel Martín Rodríguez, por el trato que este daba a los gauchos del primero, Rondeau decidió sustituir a Güemes por Rodríguez en el mando de la Vanguardia, quedando nuestro héroe como comandante de una división auxiliar de Milicias Gauchas
Poco tiempo despues la vanguardia al mando del Coronel Martín Rodríguez fue sorprendida por fuerzas de Pezuela, cayendo prisionero su jefe, que a los pocos días fue liberado por haber jurado fidelidad al Soberano de España. En cambio, la división de gauchos que comandaba Güemes, el 14 de abril obtuvo una completa victoria en Puesto Grande del Marqués. De la Importancia de esta acción habla bien a las claras el hecho de que en ella mueren cuatro oficiales y ciento cinco soldados realistas más cinco oficiales y ciento diecisiete heridos o prisioneros, capturándose todo el armamento y munición.
Del lado patriota sólo dos gauchos heridos. Esto demuestra evidentemente que la acción fue una bien preparada sorpresa de las muchas que fueron típicas en la gloriosa guerra gaucha.
Después de este acontecimiento, Güemes y sus hombres regresaron a Salta. Este regreso, justo cuando el Ejército iniciaba la tercera campaña, parecería una deserción, pero no fue así; Güemes volvía a Salta porque esa era su zona de operaciones que el mismo General Rondeau había dividido entre el General Arenales, desde Cintí hasta Ciudad de la Paz, y Giiemes desde Cintí - Tarija hasta Tucumán.
Güemes quedaba entonces como responsable de esa parte y se dispuso a prepararla para resistir en caso de que el Ejército fuera derrotado. Al pasar por Jujuy retiró quinientos fusiles viejos y descompuestos que habían conseguido sus gauchos en combate, para hacerlos reparar en los talleres de maestranza que había organizado en Salta, y con ellos armar más milicianos gauchos.
El Cabildo dc Jujuy estaba dentro de su zona de responsabilidad y el Ejército los había dejado abandonados prácticamente. Pocos días después, Güemes fue elegido Gobernador Provisorio de la Intendencia de Salta por el voto ciudadano y el Cabildo de Salta.
De inmediato fue reconocido por los Cabildos de las otras ciudades de la Gobernación Intendencia (Tarija, Orán y Santa María) menos Jujuy, a cargo del Teniente Gobernador Dr. Gordaliza, quien no sentía ninguna simpatía por Güemes. Cuatro meses de trámites con emisarios que iban y volvían, le llevó ser reconocido por Jujuy, cuando lo podría haber hecho por la fuerza. Con este proceder está desmintiendo claramente a los que lo calificaron de déspota y tirano.
El día 29 de noviembre en Sipe-Sipe, derrotado el Ejército Nacional al mando de Rondeau, que debe retirarse perseguido de cerca por las tropas de Pezuela. Mientras se realiza esta retirada, Güemes se prepara para enfrentar ah enemigo con toda su provincia en armas. El Gobierno Central manda un fuerte contingente al mando del Coronel French para reforzar las deterioradas y perseguidas fuerzas de Rondeau.
En estas circunstancias se pretende oscurecer la trayectoria luminosa de Güemes con un hecho que podría haber sido solucionado pacíficamente. Rondeau, influenciado por los cabildantes jujeños, declara a Güemes enemigo de la Patria y reo del Estado. ¡Qué contra sentido tiene esta declaración!, surgida justamente en el momento preciso que la luz de la libertad y la Independencia sólo brillaba en las provincias argentinas, defendidas por Güemes, mientras la América estaba cubierta por el negro manto del poder realista, desde México hasta Chile.
En efecto: la revolución mexicana estaba aplastada y el Virrey Ruiz de Apodaca dominaba el país. Bolívar, arrojado del continente por el poderoso ejército de Morillo, se había exiliado en Jamaica, colonia inglesa próxima a Cuba.
Chile estaba en poder dc las fuerzas realistas desde el año 1814. luego de la batalla de Rancagua, y sus jefes O?Higgins y los hermanos Carrera, obligados a huir a Mendoza.
El Perú seguía siendo cl corazón del poder real. Nuestro Ejército Nacional, al mando del General Rondeau, derrotado en Sipe-Sipe, se hallaba en retirada, diseminado por todo lo largo de la Quebrada de Humahuaca, sin disciplina, sin moral y sin organización.
La única esperanza de salvación estaba en Güemes y su ejército gaucho, y lo habían declarado ?enemigo de la Patria y opuesto a ha causa nacional?.
Verdaderamente una gran contradicción que opacó transitoriamente su luminosa trayectoria.
En esos momentos el interior de lo que había sido el Virreinato del Río de la Plata estaba convulsionado por las luchas de los caudillos entre sí o contra Buenos Aires.
Con los refuerzos recibidos, Rondeau resolvió marchar contra Salta para obligar a Güemes a que se entregue, para ser juzgado militarmente por haber retirado los fusiles de Jujuy. Para ello, le ofrece el mando de la Vanguardia a Arenales y éste le responde que prefiere comandar la vanguardia en dirección al enemigo realista y no contra sus hermanos salteños.
Güemes mandó emisarios para parlamentar pero fueron rechazados por Hondean quien siguió su marcha contra Güemes y el pueblo de Salta.
La permanencia de Rondeau en Salta no fue tan fácil como suponía, ya que pronto empezó a sentir que se encontraba solo. La población desapareció, no tenía alimento para las tropas ni para la caballada y no había previsto el abastecimiento necesario.
Güemes, mientras tanto, se fue retirando y con la habilidad y rapidez que le eran características, envía emisarios a los campos de Jujuy y los moviliza a su favor. Los escuadrones de gauchos atacan por sorpresa a las patrullas que mandaba Rondeau a buscar subsistencia y hasta le hacen desaparecer la caballada y el ganado en pié que llevaban para consumo.
Estas tropas, con su General al frente, estuvieron tres días acorraladas en la ciudad de Salta y luego siguieron camino hacia Cerrillos distante tres leguas.
Allí, practicamente a pie y alimentados únicamente con los racimos de uva de una viña del vecindario, se vieron obligados a parlamentar.
Todo se arregló y todo lo declarado con anterioridad quedó sin efecto, por medio de un acuerdo conocido como ?la Paz de los Cerrillos?, firmado el 22 de Marzo de 1816.
Rondeau y su ejército volvieron a Jujuy, con todos honores de una derrota, según la calificó el General Paz en sus memorias.
Güemes olvidó pronto las injurias y ofensas recibidas perdonando a los autores de las mismas y continuó recorriendo el camino del honor y de la gloria.
El Congreso ele Tucumán, que comenzó sus deliberaciones dos días después, aplaudió este pacto y hasta Don José de San Martín, cuando llegó la noticia a Mendoza, ordenó una salva de veinte cañonazos. iluminación de edificios y repiques de campanas.
A partir de entonces, todas las miradas se volcaron al Congreso Tucumán, esperando que se produjera una declaración trascendental para las generaciones futuras.
Allí pues, se llega al momento culminante en que los diputados elegidos deben pronunciarse por la conveniencia de declarar o no la independencia.
San Martin estaba impaciente en Mendoza porque él quería llegar a Chile como General de un ejército que representara a una nación libre e independiente y no como una fuerza que representara a un país sublevado contra el dominio colonial.
Güemes también presionaba por la misma causa ya que su provincia era el muro de contención para que el dominio colonial no se expandiera por todo el territorio.
Previo a ello, el problema se planteó cuando los diputados debían elegir quien seria el que asuma como Director Supremo. Los de Buenos Aires querían a un porteño y los provincianos anhelaban para que fuese uno de tierra adentro y se llegó a un punto muerto, muy difícil ele salir. Eran varios los candidatos y ninguno tenía consenso entre unos y otros.
En esta oportunidad Güemes, a través de los diputados de los Cabildos de su provincia, sugiere que voten por un hombre que si bien era porteño, sería respetado por los alto - peruanos y salteños y estaba propuesto por los cuyanos, cuyo gobierno ejercía San Martín.
Ese hombre fue Don Juan Martin de Pueyrredón, diputado por San Luis, quien resultó elegido por veintitres representantes, sobre un total de veinticinco. Considerando que Don Juan Martín no votó por sí mismo el triunfo, fue con un solo voto en contra.
Una de las primeras medidas que tomó Pueyrredón como Director Supremo fue viajar a Salta para entrevistarse con Güemes, luego viajó a Jujuy para ver de cerca lo que quedaba del ejército auxiliar al mando de Rondeau y, después, nuevamente, se entrevistó con Güemes en el Fuerte de Cobos, antes de regresar a Tucumán. Allí quedó concertado que toda la responsabilidad ele la defensa del país estaba a cargo de Don Martín Miguel y que el ejército se replegara a Tucumán para su reorganización, quedando al mando de Belgrano por segunda vez.
Pocos días después, el 9 de Julio, se declaró la independencia, surgiendo al concierto de los pueblos del mundo una nueva y gloriosa nación.
Al poco tiempo, y en momentos muy difíciles para el país, el flamante Director Supremo, el primero de una nación libre e independiente, resuelve viaje a Buenos Aires para ejercer el cargo efectivamente. Previo una entrevista en Córdoba con el Gobernador de Cuyo, Don José de San Martín, donde le prometió su total apoyo para la formación del Ejército de los Andes.
Estas dos decisiones de Pueyrredón, los nombramientos de Güemes y de San Martín, fueron de gran trascendencia para la liberación de América. Resulta sugestivo y hace pensar cómo se fueron desarrollando esos acontecimientos, al punto tal que parecería un plan preparado de antemano por estos tres Martín: San Martín, Juan Martín y Martín Miguel.
Güemes conocía a Pueyrredón desde la primera Invasión Inglesa en Buenos Aires; después fue su escolta en el penoso viaje con los caudales de Potosí; luego prestó servicios en el Ejército cuyo mando ejercía Pueyrredón. San Martín conocía a Güemes desde su confinamiento en Buenos Aires y viajaron juntos hacia Tucumán y prestó servicios a sus órdenes en las Avanzadas del Río Pasaje o Juramento como ya vimos anteriormente.
Pueyrredón conocía a San Martín más íntimamente desde que este último lo visitó en San Luis, durante su confinamiento dispuesto despues de la revolución del 8 dc octubre de 1812.
Volvieron a encontrarse en Mendoza, cuando Pueyrredón le retribuyó la visita y conferenciaron largamente, levantando el confinamiento de Don Juan Martín.
Este volvió a Buenos Aires en Febrero de 1815 y a fines de ese año fue elegido representante de San Luis en el Congreso de Tucumán, con el apoyo del Gobernador de Cuyo, Don José de San Martín y de Don Vicente Dupuy, Teniente Gobernador de San Luis. Con estos antecedentes no es aventurado decir que fue un plan preparado por los tres Martín.
Este plan se cumplió a la perfección, constituyéndose en el salvador de la Independencia Argentina y Sudamericana. Gracias a este plan de los tres Martín nacieron las dos únicas campanas triunfantes: La campaña de los Andes y la Campaña de Salta.
Las anteriores terminaron en derrotas: Huaqui, Vilcapugio y Ayohuma, y Sipe-Sipe.
Güemes, con la frente bien alta y su prestigio acrecentado por todos estos acontecimientos, continuó cumpliendo la misión encomendada y rechazó con solamente su ejército de gauchos todas las invasiones que lanzaron desde el Perú y Alto Perú, las autoridades realistas.
Fueron varios años de lucha casi permanente hasta que llegó el momento de tener que cumplir con el plan continental que tenía en mente el Libertador General San Martín, al momento de nombrarlo (General en Jefe del Ejército de Observación sobre el Perú. con fecha 8 de junio de 1820.
Güemes se da cuenta que es una pieza importante dentro de ese pian, justamente en el momento que cl país se desangraba en una lucha fratricida y había desaparecido toda autoridad nacional. Lo sorprendente de todo esto es que Güemes no obstante sor un conductor dentro de la zona de operaciones, que era su provincia, puedo ver, con visión estratégica, que la salvación del país está en el teatro de la guerra fuera del territorio nacional para llegan al centro del poder realista; que dependía de la suerte que pudiera acompañar a San Martín al otro lado de los Andes; con un ejército transportado por mar hasta el Perú, y con otro marchando por tierra, para aferrar y distraer las fuerzas que podrían perturbar al primero. De allí su gran preocupación.
El General del Ejército de Observación sobre el Perú se puso de inmediato a organizar sus fuerzas, pero so encontró con el gravísimo problema que todo le faltaba y que los pedidos que hizo a los gobernadores de las otras provincias no fueron satisfechos porque se encontraban luchando unos contra otros y no veían más allá de los límites de sus provincias.
Aún así logró reunir cerca de tres mil hombres de pelea que aunque mal armados y pertrechados, estaban dispuestos a marchar. Este plan combinado entre San Martín y Güemes contaba también con una rebelión que debía estallar en las provincias del Alto Perú, adonde Güemes había mandado sus emisarios.
Surge claramente que todo este plan de los dos Martín (con Pueyrredón ya no podían contar porque había renunciado) so vino preparando con anticipación y la prueba evidente de esto es que Güemes conocía el derrotero de San Martín en el Pacífico con el detalle y fecha de cada etapa.
Esto queda corroborado por el envío de una avanzada al mando del Coronel José María Lanza a Inquisivi, a 80 km de la ciudad de la Paz y del Coronel Manuel Almonte, Tarapacá, en la costa del Pacífico, entre Iquique y Arica, para asegurar la comunicación de ambos generales.
Todo estaba casi listo para marchar. Güemes le escribe a O?Higgins el 2 de diciembre de 1820 diciéndole que parte con sus divisiones de gauchos y algunas unidades equipadas de línea, que aunque mal armadas, llevan grabado el lema: MORIR POR LA PATRIA ES GLORIA
Es en esos momentos, cuando todo hacía suponer que el Ejército de Güemes pasaba a la ofensiva estratégica, después de haber realizado durante tantos anos la defensa operativa que todo queda demorado por el gran obstáculo que se presenta y que oscurece su límpida trayectoria a punto tal que le impide cumplir momentáneamente con su parte en el. pian, lo que significaba dejar a San Martín solo y librado a su propia suerte.
Este gran obstáculo lo pone cl Gobernador de Tucumán Don Bernabé Aráoz, en complicidad con los enemigos internos de Güemes, que ya habían mantenido contacto con los enemigos ex ternos. Estos hilos de la conjura lo manejaban desde Lima y se fue preparando con mucha anticipación, teniendo como personero principal al General Olañeta.
Lo que querían los realistas era que Güemes no partiera con su Ejercito hacia el Perú y se valieron de todas las patrañas para conseguirlo.
Giiemes advierte con gran visión de conductor que no puede alejarse por la Quebrada de Humahuaca dejando a su retaguardia a un enemigo potencial, que podría cortarle las líneas de. Abastecimiento y comunicación con su base de operaciones, que era la provincia de Salta.
Entonces resuelve solucionar primero este problema Ahí se ve envuelto en una guerra inter - provincial que no era deseada por él y marcha Hacia Tucumán
Aprovechando la situación de la ausencia de Güemes, los integrantres de la ?Patria Nueva? lo destituyen como gobernador, viéndose momentáneamente obligado a abandonar la campaña emprendida y regresar a Salta, donde fue aclamado por el pueblo y las tropas, recuperando el poder sin disparar ni un solo tiro el 31 de Mayo de 1821.
Los cabildantes rebeldes duraron sólo siete días en el poder y se apresuraron en desaparecer; unos se encerraron en sus casas; otros marcharon hacia Tucumán y los mas enconados adversarios marcharon hacia el campo realista, buscando apoyo para reconquistar y ocupar salta.
Esa fue la más oscura sombra que tuvo su brillante trayectoria: la sombra de la traición. No obstante ello, los perdonó y sólo aplicó sanciones pecuniarias a título de préstamos voluntarios.
Pero, mientras Güemes se dedica a reorganizar sus milicias para cubrir la frontera con el Alto Perú, amenazada por Olañeta y continuar al Perú en cumplimiento del Plan, los adversarios políticos entregados al enemigo traman una sorpresa y logran hacer penetrar en Salta, sin ser vista, una fracción realista al mando de ?El Barbarucho?, que ocupa la plaza principal.
Sólo esta nueva traición podía oscurecer totalmente la luminosa trayectoria de su vida, y ese 17 de Junio de 1821 la sombra más negra se abatió sobro nuestro prócer, terminando su joven existencia y desmembrando el gigantesco plan estratégico proyectado, en coincidencia, por los ?dos Martín?.
La muerte de Güemes hizo creer a sus enemigos realistas y no realistas que la resistencia por parte de las milicias gauchas había concluido, pero se engañaron completamente. Pocos días después, antes de que hubiera transcurrido un mes de su desaparición, el movimiento de las milicias gauchas fue tan poderoso que Olañeta se vio cercado e imposibilitado de moverse de la ciudad, donde se había instalado como si fuera el propietario.
La guerra gaucha, con todas sus características y corno si siguiera conducida por su creador , le fue cerrando el círculo, obligándolo a pedir un armisticio, que le fue concedido el 14 de Julio de 1821 por el Cabildo. Los cabildantes de la ?Patria Nueva? aprobaron este armisticio el día 21 de Julio de 1821, al cumplirse justo un mes de la desaparición física de Güemes y de su paso hacia la inmortalidad.
Se cumplía así el objetivo de Güemes, que ya era como una obsesión: la Libertad de Su Patria, tanto de su Patria Chica como de la Patria grande. Pero si bien se cumplió el objetivo de su vida, se modificó lo que podría haber sido la historia de la Nación Argentina, porque no pudo cumplirse el ?plan de los dos Martín?, concebido por ambos Generales.
El libertador San Martín llegó a la entrevista de Guayaquil debilitado y, a continuación, se retiró al ostracismo.
El alto Perú se separó con más los 400 km de costa sobre el Pacífico, con lo que Salta y por consiguiente nuestro País, perdió su salida al mar por el oeste. Pero, la Historia se escribe con lo sucedido y no con lo que podía haber sucedido.
De todas formas, la férrea resistencia de Güemes obligó a los realistas a emplear todos sus refuerzos llegados de España y gran parte de sus mejores batallones que lucharon contra Bolivar, debilitando el Ejército de Morillo y permitiendo que el Libertador del Norte hiciera pie nuevamente en el continente e iniciara su cruzada libertadora de norte a sur mientras San Martín liberaba a Chile y a Perú de sur a norte.
Así se concretó la derrota del poder realista y la liberación definitiva de nuestra América del Sur.
Dije anteriormente que el 17 de Junio de 1821 se produjo la desaparición física de Güemes para pasar a la inmortalidad, porque en esa misma fría y negra noche comenzó a brillar en el firmamento de los héroes una nueva estrella.
Esa nueva estrella que empozó a iluminar con una luz muy tenue al principio, fue acrecentando su brillo con el correr de los años y hoy, en 1994, a ciento setenta y tres años de su desaparición, brilla como una estrella de primera magnitud, gracias a la dedicación y al empeño do nuestros historiadores salteños y no salteños, que investigaron y descubrieron documentos que probaron lo contrario de las leyendas que oscurecieron, en muchos casos, la trayectoria de su vida.
Hoy no puede haber equívocos ni malas interpretaciones, ni juicios hechos a la ligera porque todo está documentado en la magnífica obra del doctor Luis Güemes, concluida de editarse en el año 1990, titulada ?Güemes Documentado?, y que ya se encuentra en casi todas las bibliotecas del país.
Esa estrella que brilla con luz potente en el firmamento de los héroes, seguirá brillando, aún con mayor intensidad, mientras exista el instituto Güemesiano para difundir y hacer conocer a las generaciones presentes y futuras la luminosa trayectoria de la vida de nuestro prócer. porque a medida que más se lo conoce, se puede decir justicieramente y sin temor a ser exagerado, que el General Don Martín Miguel de Giiemes es un Padre de la Patria.
Autor: Licenciado Luis Oscar Colmenares
Martin Miguel de Güemes concibió un Plan de Lucha para defender la libertad y la independencia de las provincias que formarían la República Argentina. Lo primero que hizo fue crear todo un ejército, con características propias. Güemes, jamás fue un jefe montonero. Lo fue de milicias, es decir de una fuerza sujeta a reglas, las que se cumplían estrictamente.
El ascendiente que tenía Güemes sobre sus milicias gauchas por su condición de caudillo y el hecho de ser, a la vez un pundonoroso militar de carrera, le permitieron ser obedecido ejemplarmente tanto por los gauchos como por los soldados y oficiales de las fuerzas veteranas. El ejército de Güemes fue una fuerza muy disciplinada compuesta por milicias gauchas y por militares veteranos y milicianos, que eran jefes y oficiales de las divisiones y escuadrones.
Los milicianos eran convocados cada vez que se los necesitaba y ellos accedían con presteza y sin vacilar al llamado del militar - caudillo
Güemes había realizado una guerra de recursos o de guerrillas desde 1814 (cuando fue comandante de avanzada en el Río Juramento) y hasta la victoria obtenida en el Puesto Grande del Marqués. Durante ese lapso cumplió su labor al frente de milicias gauchas auxiliando al Ejército del Norte.
A partir de 1816, cuando se le encomendé la defensa de las provincias, la situación varió fundamentalmente. Tuvo que encarar un vasto plan de operaciones con solo las fuerzas a su mando. Así actuó durante cinco años, hasta su muerte el 17 de junio de 1821 conteniendo siempre las invasiones realistas.
Güemes nunca sostuvo una batalla campal al estilo clásico por que sabía bien que no contaba con fuerzas ni armamento adecuados para vencer en este tipo de combates. Imaginó otro tipo de lucha, al estilo de la guerra de guerrillas o de recursos que ya había efectuado anteriormente secundando al ejército, pero mucho más vasta y profunda. Ya no fueron operaciones secundarias, complementarias o de avanzada, a cargo de una sola división. Fue todo un ejército integrado fundamentalmente por milicias y que llegó a tener 6.610 hombres, con el que enfrentó a calificadas fuerzas regulares compuestas también por miles de soldados.
La zona de los combates fue muy grande. 5e extendía desde el extremo sur de la actual Bolivia hasta el Río Juramento, de norte a sur, y desde la zona de San Pedro de Atacama (hoy pertenece a Chile) hasta el Departamento de Orán, de oeste a este.
Alrededor de 150.000 Km cuadrados. A veces el enemigo penetró simultáneamente por distintos pasos pero corno el prócer tenía adecuadamente distribuidas sus fuerzas y contaba con exploradores o partidas volantes, siempre había milicianos en condiciones de enfrentar al invasor o de requerir los auxilios necesarios.
Dentro de este extenso escenario la forma de obrar de las fuerzas de Güemes fue la siguiente: atacar por los flancos y la retaguardia, inmediatamente después que el ejército enemigo comenzaba la invasión. El ataque tendía siempre a ser sorpresivo y estaba a cargo de grupos o partidas que se retiraban antes de que el enemigo pudiera organizar la defensa. Los ataques se repetían una y más veces, de día y de noche, mientras avanzaba el invasor. Cuando éste se detenía y destacaba una o más divisiones en busca de alimento, eran acosadas constantemente por los gauchos. En algunos casos, cuando las partidas que destacaba no tenían muchos soldados, había enfrentamientos en campo abierto o más de un triunfo completo de las milicias gauchas.
En tales ocasiones los vencedores regresaban con algunos prisioneros y era raro el soldado enemigo que retornaba al lugar donde había acampado el invasor.
Cuando el invasor había sido contenido, varios escuadrones gauchos ya estaban preparados para actuar durante la retirada del enemigo. Y nuevamente ocurría el ataque por los flancos ola retaguardia, de día, de noche, en marcha o durante el descanso o durante todo el tiempo que los realistas tardaban en evacuar el territorio salto - jujeño.
Así fueron rechazadas todas las invasiones. Desde que Güemes estuvo a cargo de la defensa, la primera invasión fue la comandada por el general José de La Serna, quien llegó de España a fines de 1816 con oficiales y tropas que habían vencido a fuerzas de Napoleón Bonaparte.
Fue la invasión más tenaz y durable. El invasor creyó que en menos de un año llegaría triunfante a Buenos Aires. EI 22 de septiembre de 1816, a los cinco días de haber desembarcado en el puerto de Arica, La Serna le escribía al Virrey Pezuela diciéndole: ?Creo podría lisonjearme al asegurar a V.E. formaría un cuerpo de ejército capaz de entrar a Buenos Aires para el mes de mayo del próximo año?. Lo que realmente ocurrió fue que en mayo de 1817 José de La Serna y su ejército emprendían la retirada desde el valle de Lerma (Salta), ante la imposibilidad de superar la acción defensiva de las milicias gauchas de Güemes y dadas las constantes bajas que sufrían. Lo mismo ocurrió con los demás ejércitos invasores que siguieron sus pasos. Ninguno pudo atravesar la Intendencia de Salta.
Extraído de la separata del Boletín Nro. 16 del Instituto Güemesiano de Salta
General Martín Miguel de Güemes: Obstáculos en la luminosa trayectoria de su vida
Por el coronel (r) Julio Sergio Jovanovics Usandivaras
En la vida de todo hombre común siempre ha hablo momentos tristes y momentos alegres, fracasos y triunfos, épocas amargas y épocas felices, situaciones desagradables y situaciones agradables. Pero en el caso de un prócer de la Independencia argentina como el General Martín Miguel de Güemes, todos esos hechos desagradables, tristes, amargos, fueron obstáculos que contuvieron transitoriamente la brillante vida puesta al servicio de la Patria.
Mucho se ha dicho ya sobre los hechos heroicos, sobre su desempeño ejemplar como hombre de armas, caudillo de sus legiones y también sobre su comportamiento como gobernante sacrificado y cumplidor de sus funciones específicas, pero muy poco se ha hablado de su férrea voluntad de continuar con el objetivo de su vida, que era conseguir la libertad de su suelo patrio, no obstante todos los inconvenientes que se le presentaron en su corta existencia; las injusticias que tuvo que aguantar de sus superiores; y los obstáculos que le ponían en su camino, los enemigos de su pensamiento, como militar o gobernante de un pueblo en guerra.
Muchos de estos hechos desagradables que se le presentaron fueron cometidos porque los autores desconocían su personalidad o por equivocaciones o razones políticas. Muchos de ellos también por envidia. provocada por su condición de líder de sus hombres en armas y conductor de un pueblo entero, en una guerra irregular, una guerra sin igual, realizada con toda precisión y eficiencia, llegando a cumplir el objetivo propuesto, cosa que no pudieron conseguir los ejércitos equipados y armados enviados desde Buenos Aires por los distintos gobiernos que se sucedieron.
Se inicia esta luminosa trayectoria en Buenos Aires, cuando las invasiones inglesas, donde Güemes actúa como cadete en la primera y segunda invasión destacándose hasta tal punto, que merece el ascenso a subteniente después de diez años como cadete. Dicho ascenso fue concedido mediante Real Cédula fechada en Sevilla el 13 de Enero de 1869.
De regreso en su ciudad natal, se desempeñaba como teniente de milicias hasta que conocida la noticia de la Revolución de Mayo, el Gobierno lo envía con un grupo de milicianos a la Quebrada de Humahuaca con una misión secreta. Esta no era otra cosa que la de interceptar toda correspondencia entre el Virrey del Perú y los realistas de Córdoba y Buenos Aires, como también detener a los que querían viajar desde el sur hacia el Alto o Bajo Perú.
Destacado en la población de Humahuaca, Güemes aumentó el número de sus fuerzas con voluntarios procedentes de Jujuy y Tarija hasta lograr reunir un efectivo de importancia. Cuando arribó el Ejército Auxiliar del Perú al mando de Don Antonio González Balcarce, las milicias de Güemes se incorporaron a la vanguardia como partida de observación, por su gran conocimiento del terreno y la habilidad para desplazarse, viendo sin ser vistos.
Corría el mes de Noviembre de 1810 cuando se lleva a cabo la batalla de Suipacha. Ahí se produjo el primer obstáculo en su luminosa trayectoria, y ocurrió así: después del triunfo de las armas patrióticas, en el parte, redactado por Castelli, delegado de la Junta de Mayo, no figuraba Güemes. Fue ignorado u olvidado, pero lo real y cierto es que no se lo menciona para nada.
Cabe aquí hacer una pregunta; ¿Puede ser olvidado o ignorado un hombre que lucho con toda valentía en la batalla? ¿Es posible que no se mencione a un oficial que aunque mandaba milicias gauchas se destacó notablemente en la acción?. Los historiadores de esa época y los que investigaron posteriormente este hecho guerrero coinciden en destacar que la actuación no sólo fue brillante, sino decisiva y para conseguir ese primer triunfo de las fuerzas patriotas, tanto, que hubo algunos de ellos que le adjudican el cien por ciento del triunfo y hasta lo llaman ?el verdadero héroe de Suipacha?.
Además, conviene recordar que los hombres que murieron y los que quedaron heridos, pertenecían todos a las milicias de Güemes lo que demuestra realmente que los que combatieron fueron ellos. Hasta la planificación de la batalla basada en el engaño y la astucia fue obra de nuestro héroe, como dice el Dr. Bernardo Frías en su bien conocida historia, ya que González Balcarce, comandante militar, núnca antes, utilizó esa forma de combatir para conseguir el éxito.
Para Güemes era la característica de su manera de afrontar un combate contra fuerzas más numerosas y aguerridas. Mucho le debe haber dolido al entonces Capitán Güemes esta injusticia pero continuó en cumplimiento de su deber como militar. Suipacha fue una victoria total, tanto que el ejército pudo continuar su marcha y llegar sin inconvenientes a la rica Villa de Potosí; siendo Giiemes el primero en entrar, recibiendo los aplausos de la población.
Reunido todo el Ejército allí, aprovechó Don Martin la oportunidad para hablar con Castelli, delegado de la Junta con amplios poderes y reclamarle el olvido de Suipacha y la lentitud con que avanzaba el Ejército, desaprovechando el momento psicológico para no permitirle al enemigo reorganizarse y hacer frente nuevamente,
No se sabe en que términos hizo este reclamo, pero si se sabe que allí mismo ordenó la disolución de la División de Salta y ordenó que sus efectivos pasaran a integrar otras unidades de combate. Su jefe fue enviado de regreso a su ciudad natal. Este segundo obstáculo lo deprimió profundamente, tanto que le costó bastante sobreponerse.
El tiempo le dió la razón a Güemes, puesto que el desmoralizado ejército realista se reorganizó y preparó, y casi siete meses después estaba en condiciones de enfrentar nuevamente a los patriotas. Esto ocurrió el 20 de Junio en Huaqui, logrando una victoria completa con lo que se puso punto final a esta primera campaña del Ejército Auxiliar perdiéndose cuatro provincias. Eran ellas: Potosí. Cochabamba, Charcas y La Paz, que ya se habían adherido a la Junta de Mayo.
En enero ele ese mismo año, Güemes había regresado a Salta pera en Marzo fue enviado transitoriamente a Jujuy, donde el Comandante en Armas y Presidente de La Junta Subalterna Don Mariano Ramón de Saravia, le dió la orden de que detuviera al Sargento de milicias y Teniente Alguacil Mora, por el delito de insubordinación. Güemes entra al Cabildo sable en mano, lo desarmó y lo condujo detenido al insubordinado subalterno. El Cabildo de Jujuy nunca le perdonó a Güemes la que consideraba un agravio. ¡Otro obstáculo en su trayectoria! y solamente por cumplir una orden superior. Si bien fue una pequeña sombra, tuvo gran trascendencia posteriormente porque los cabildantes jóvenes lo tomaron como uno de los argumentos para pedir la separación definitiva de la ciudad de Jujuy y su distrito de campaña. de la gobernación Intendencia de Salta.
En el mes ele Julio nuestro prócer estaba nuevamente en Salta cuando llegaron las tristes noticias del desastre de Huaqui o Desaguadero. Entonces, parte nuevamente hacia la Quebrada con la misión de contener a los desertores del desmembrado Ejército Auxiliar y realizar la exploración sobre las fuerzas realistas que los perseguían.
Con fecha 23 de Julio, fue reincorporado al Ejército Auxiliar Perú. En Tarija reorganizó las guerrillas que le respondían, porque también eran salteños sus integrantes y le dió escolta a Pueyrredón que venía con los caudales desde Potosí a lomo de mulas cargueras.
En Oran se le agregó otra escolta mandada por Dn. Rudecindo Alvarado y finalmente llegaron a Campo Santo. El salvamento de esos caudales proporcionó al gobierno patrio la posibilidad ele continuar la lucha.
Luego de este acontecimiento el General Pueyrredón se hace cargo del mando del Ejército y designa al General Díaz Vélez, jefe de la Vanguardia quedando a cargo de Güemes la conducción de la cabeza de la fuerza. En Septiembre del año 1811, Giiemes es ascendido a Teniente Coronel graduado.
Esto fue como una reivindicación del olvido de Suipacha y se lo concedió el propio General Dn. Cornelio Saavedra, Presidente de la Junta Grande, cuando llegó a Salta para ver de cerca a ese ejército derrotado, desmoralizado y en plena retirada sin haber podido cumplir la misión encomendada. Nuevamente actúa Güemes en Tarija, adonde es enviado a sofocar una rebelión pro-realista.
Cumplida esta misión regresa a su puesto habiéndose apoderado ele quinientos fusiles, dos cañones de pequeño calibre, ganado, alimentos. municiones y hasta dos mil pesos en plata que tenían 105 revolucionarios para ser entregados al enemigo.
Más aún, trae consigo setenta hombres bien dispuestos para la lucha. A principios de 1812 el Triunvirato designa al General Manuel Belgrano como Jefe del Ejército Patriota del Alto Perú en reemplazo del General Juan Martín de Pueyrredón, que regresa enfermo.
Es entonces que la luminosa trayectoria de nuestro prócer se ve oscurecida por una gran sombra que duró un año. Ese largo año lo pasó Güemes en Buenos Aíres, alejado de su tierra natal y de sus milicias gauchas, que lo seguían fielmente.
Fue un episodio muy desagradable para nuestro héroe, aislado y solitario a 1700 km. De distancia de donde se desarrollarían tantos acontecimientos importantes. El responsable de eso fue nada menos que el General Belgrano. Mucho se ha investigado este suceso y algunos historiadores opinan que fue un grave error del General que estuvo mal asesorado y peor influenciado, de que el Teniente Coronel Güemes hacía una vida pública con una dama casada a quién había abandonado el Marido, escandalizando a la población de Santiago del Estero, donde estaba cumpliendo una comisión de servicio que no era otra cosa que preparar las bases de abastecimiento para la retirada del ejército, hacía el sur. Le dio 24 horas para viajar a Buenos Aires.
Güemes cumplió la orden como disciplinado militar de carrera pero reclamó por nota y solicitó se le informaran las causas de tal determinación. El gobierno central pidió un informe a Belgrano y éste presentó uno, que cuesta creer que lo haya escrito él.
Pero lo queda documentado es lo que vale históricamente y ese documento dice así:
?..... Las virtudes y servicios militares de este individuo de que ha sido informado vuestra excelencia, no son tantas ni de tanto valor como se ponderan vulgarmente. Virtudes justamente no se le han conocido jamás y sus servicios han sido manchados con ciertos excesos, o mejor diré delitos de que tengo fundamentos muy graves para creerlos, aunque no documentos, porque cuando llegaron a mi noticia, juzgué inoportuno y extemporáneo el indagarlos. Por lo mismo considero que no podrá ser útil en este ejército que trato de depurarlo de toda corrupción a toda costa?
Esto fue escrito el 26/02/1813
Lo que más le debe haber dolido a Dn. Martín Migue es que ni siquiera lo conocía, ni se había molestado en averiguar si cumplía o no la misión le habían confiado. Dn. Atilio Cornejo en su Historia de Güemes, lo justifica diciendo que la vida privada de un joven soltero de veintiocho años no era ni más ni menos que la de la mayoría de los oficiales y jefes del Ejército de esa época.
También queda documentado para la posteridad la carta que el Gral. Belgrano le escribe a su amigo Don Feliciano Chiclana, menos de dos meses después, y dice así:
".... Si Ud. no presta oídos más que a los patriotas, le llenarán la cabeza de especies y lo acalorarán como me sucede a mí mismo, pero, luego doy lugar a la reflexión, observo las consecuencias y me detengo de hacer disparates, algunos he hecho antes de ahora por mi ligereza, de que estoy arrepentido; Ud. sabe cual es mi lenguaje y que siempre digo lo que pienso...?
Es posible que Belgrano se haya arrepentido después de reflexionar y conocer más a los que le llenaron la cabeza contra Güemes, porque como él mismo confiesa tiene informes, pero no documentos.
Al poco tiempo de asumir Güemes la Gobernación Intendencia de Salta, ya se carteaba con Belgrano y se había entablado una relación muy amistosa que duraría toda la vida.
Hay documentos que muestran hasta que grado resultó esa amistad ya que Belgrano se dirige a Güemes encabezando las cartas como ?mi amigo y compañero querido? y este le contesta que ?Güemes se lisonjea de tener por amigo un hombre tan virtuoso como usted?, y termina una de las cartas diciéndole: ?Así pues, trabajaremos con tesón y empeño, que si las generaciones presentes no nos son ingratas, las futuras venerarán nuestra memoria, que es la recompensa que deben esperar los patriotas desinteresados?. Proféticas palabras del joven Coronel Güemes.
Es de destacar que el alejamiento de Güemes en Buenos Aires a pesar del dolor moral que experimentó por tal determinación, resulté después de todo muy productivo para él y para la patria, en consecuencia. La permanencia en Buenos Aires le sirvió a nuestro prócer para conocer al que más tarde sería el Libertador General San Martin. Ese conocimiento si bien no está documentado tiene que haber existido porque hay documentos que hacen suponer, conociendo históricamente a los protagonistas de que así fue.
Cuando el Gobierno Nacional designa al entonces Coronel San Martín para que marche a Tucumán con una fuerza auxiliar urgentemente, después de las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma, Güemes le solícita partir bajo sus órdenes y ese mismo día 6 de Diciembre, San Martin deriva la nota a la autoridad superior con el agregado textual puesta por él que dice así: ?El Teniente Coronel Don Martín Miguel de Güemes cree sumamente útil a la expedición auxiliadora del Perú que Vuestra Excelencia, ha puesto a mi cargo; la opinión y concepto de este Oficial y sus servicios constantes por la causa me hacen interesarme con Vuestra Excelencia a fin de que su solicitud tenga el éxito que solicita?.
Al día siguiente, Güemes es designado para marchar con San Martin como Teniente Coronel de Caballería, no obstante haber estado agregado al Estado Mayor General, percibiendo su sueldo como Capitán de Infantería. Ese concepto, agregado por el futuro Libertador San Martín, da cuenta de que ya conocía a Güemes porque no se puede poner la opinión y concepto de este oficial, más creer que va a ser sumamente útil a la expedición, de una persona desconocida, por lo menos ese es el procedimiento de un militar de carrera.
Caso contrario hubiera agregado solamente: ?elevo a esa superioridad la presente solicitud a sus efectos? y esperar la resolución con la demora necesaria para que ellos averigüen sus antecedentes y resuelvan lo más conveniente. Además, llama la atención que al día siguiente Giiemes fuera designado lo que demuestra que San Martín llevó personalmente la nota al Estado Mayor y se interesó por la resolución favorable.
El Historiador salteño radicado en Buenos Aires, Don Carlos Gregorio Romero Sosa, que es también un estudioso de la Genealogía opina que ese contacto previo entre San Martín y Güemes se realizó en la casa de los Escalada, a la que ambos concurrían, uno como pariente (los Güemes y los Escalada) y el otro corno novio de Remedios.
Tengo en mi poder una carta de Romero Sosa que dice así:
?Güemes, en efecto, a su llegada a Buenos Aires para continuar su aprendizaje militar como cadete, debe haber venido directamente recomendado por u padre a la familia paterna de Remeditos, ya que indudablemente, existen vínculos genealógicos comunes entre la familia de Güemes Montero (Padre de Don Martín) y los Escalada."
El genealogista porteño, Dr. Felix Martí y Herrera, en su monografía: ?Los próceres Escalada? (publicada en la revista Genealogía del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas, (número dedicado a los ?hombres de Mayo?, año 1961, 146 pág.), noticia que en la península figuró en la primera mitad del siglo XVII, el caballero hidalgo Don Pedro de Escalada y Pedroza de Güemes, nacido en la casa solariega de sus mayores, el solar ancestral de Santa Cruz de Castañeda, en Castilla la Vieja donde vio la primera luz del día el 15 de Octubre dc 1Gb
Dicho hidalgo es el bisabuelo de los próceres Francisco Antonio José Escalada, el segundo de ellos, a su vez, fue padre entre otros hijos, de Maria Remedios De Escalada y de la Ouintana dama patricia porteña, esposa del General Don José de San Martín.
Por otra parte, también consta documentalmente y se registra en la obra "Güemes documentado? la coincidencia de vinculaciones entre el padre del más tarde General Güemes con los García de Quintana, de España, parientes indudables de los de la Quintana y Riglos, de la madre de la nombrada Remedios Escalada de San Martín.
En efecto, Don Pedro García de la Quintana, personaje español, residente en la metrópoli a mediados del Siglo XVIII era uno de los escribanos del Rey y en 1773 se desempeñaba en el santanderino ayuntamiento del Real Valle de Carriego. En ese carácter testificó el nombramiento de Don Manuel de Güemes Montero (abuelo paterno de Don Martín Miguel) como Alcalde del pueblo de Abionzo, en el referido valle de Carriego.
En las largas tertulias de la época, mucho tienen que haber conversado ambos, y mucho haber aprendido uno del otro. Ambos eran jóvenes, ambos militares de carrera y ambos bien compenetrados de los ideales patriotas de Mayo. Es seguro que intercambiaron experiencias y conocimientos. Güemes como conocedor del país y del terreno de la zona de operaciones y sus pobladores, y San Martín como conocedor de la Organización Militar y de conducción superior estratégica y operacional. De ese intercambio de conocimiento y de experiencias nacieron las dos únicas campañas triunfantes que produjo la Revolución de Mayo de 1810: La Campaña de Chile y la Campaña de Salta.
La Campaña de Chile o de los Andes, concebida para ser un movimiento estratégico ofensivo y llegar hasta el Perú por mar, donde estaba el corazón de la dominación realista; y la Campaña de Salta Operativamente defensiva y tácticamente ofensiva, para evitar la penetración realista al interior del territorio patrio, que hubiera hecho peligrar la independencia nacional y la Campaña de San Martín.
Es decir, que estaban íntimamente ligadas y eso sólo puede surgir de las largas conversaciones que mantuvieron, tanto en Buenos Aires, como durante el trayecto, conduciendo los refuerzos hasta Tucumán a lo largo de cincuenta y seis postas, desde Morón hasta Tucumán, por el camino que Güemes ya había hecho en tres oportunidades anteriores.
Güemes conocía al enemigo por haber luchado contra él durante dos años y San Martín lo conocía por haber hecho su carrera militar en sus propias filas. En síntesis, podemos decir que el largo obstáculo que oscureció parte de la vida de Don Martín con ese alejamiento entre él y su tierra natal, le sirvió para hacer brillar con más nitidez su futura trayectoria.
Nuestro héroe olvidó pronto ese episodio, aceptó las disculpas de Belgrano y se dedicó desde el momento de cruzar el Río Pasaje o Juramento a organizar sus momentáneamente abandonadas milicias gauchas y puso todo su empeño en materializar esa forma de combatir, esa forma de luchar, esa forma de hacerle frente al enemigo con todo un pueblo, que llegó a ser admirado hasta por los propios realistas, cuando uno de ellos exclamó: ?a este pueblo no lo conquistamos jamás?.
Así llegamos a 1815 con el Ejército auxiliar al mando del General Rondeau en reemplazo del General San Martín, y Güemes como comandante General de Avanzadas con el grado de Coronel, ascendido el año anterior por el director Posadas.
A raíz de un incidente entre el Coronel Martín Güemes y el Coronel Martín Rodríguez, por el trato que este daba a los gauchos del primero, Rondeau decidió sustituir a Güemes por Rodríguez en el mando de la Vanguardia, quedando nuestro héroe como comandante de una división auxiliar de Milicias Gauchas
Poco tiempo despues la vanguardia al mando del Coronel Martín Rodríguez fue sorprendida por fuerzas de Pezuela, cayendo prisionero su jefe, que a los pocos días fue liberado por haber jurado fidelidad al Soberano de España. En cambio, la división de gauchos que comandaba Güemes, el 14 de abril obtuvo una completa victoria en Puesto Grande del Marqués. De la Importancia de esta acción habla bien a las claras el hecho de que en ella mueren cuatro oficiales y ciento cinco soldados realistas más cinco oficiales y ciento diecisiete heridos o prisioneros, capturándose todo el armamento y munición.
Del lado patriota sólo dos gauchos heridos. Esto demuestra evidentemente que la acción fue una bien preparada sorpresa de las muchas que fueron típicas en la gloriosa guerra gaucha.
Después de este acontecimiento, Güemes y sus hombres regresaron a Salta. Este regreso, justo cuando el Ejército iniciaba la tercera campaña, parecería una deserción, pero no fue así; Güemes volvía a Salta porque esa era su zona de operaciones que el mismo General Rondeau había dividido entre el General Arenales, desde Cintí hasta Ciudad de la Paz, y Giiemes desde Cintí - Tarija hasta Tucumán.
Güemes quedaba entonces como responsable de esa parte y se dispuso a prepararla para resistir en caso de que el Ejército fuera derrotado. Al pasar por Jujuy retiró quinientos fusiles viejos y descompuestos que habían conseguido sus gauchos en combate, para hacerlos reparar en los talleres de maestranza que había organizado en Salta, y con ellos armar más milicianos gauchos.
El Cabildo dc Jujuy estaba dentro de su zona de responsabilidad y el Ejército los había dejado abandonados prácticamente. Pocos días después, Güemes fue elegido Gobernador Provisorio de la Intendencia de Salta por el voto ciudadano y el Cabildo de Salta.
De inmediato fue reconocido por los Cabildos de las otras ciudades de la Gobernación Intendencia (Tarija, Orán y Santa María) menos Jujuy, a cargo del Teniente Gobernador Dr. Gordaliza, quien no sentía ninguna simpatía por Güemes. Cuatro meses de trámites con emisarios que iban y volvían, le llevó ser reconocido por Jujuy, cuando lo podría haber hecho por la fuerza. Con este proceder está desmintiendo claramente a los que lo calificaron de déspota y tirano.
El día 29 de noviembre en Sipe-Sipe, derrotado el Ejército Nacional al mando de Rondeau, que debe retirarse perseguido de cerca por las tropas de Pezuela. Mientras se realiza esta retirada, Güemes se prepara para enfrentar ah enemigo con toda su provincia en armas. El Gobierno Central manda un fuerte contingente al mando del Coronel French para reforzar las deterioradas y perseguidas fuerzas de Rondeau.
En estas circunstancias se pretende oscurecer la trayectoria luminosa de Güemes con un hecho que podría haber sido solucionado pacíficamente. Rondeau, influenciado por los cabildantes jujeños, declara a Güemes enemigo de la Patria y reo del Estado. ¡Qué contra sentido tiene esta declaración!, surgida justamente en el momento preciso que la luz de la libertad y la Independencia sólo brillaba en las provincias argentinas, defendidas por Güemes, mientras la América estaba cubierta por el negro manto del poder realista, desde México hasta Chile.
En efecto: la revolución mexicana estaba aplastada y el Virrey Ruiz de Apodaca dominaba el país. Bolívar, arrojado del continente por el poderoso ejército de Morillo, se había exiliado en Jamaica, colonia inglesa próxima a Cuba.
Chile estaba en poder dc las fuerzas realistas desde el año 1814. luego de la batalla de Rancagua, y sus jefes O?Higgins y los hermanos Carrera, obligados a huir a Mendoza.
El Perú seguía siendo cl corazón del poder real. Nuestro Ejército Nacional, al mando del General Rondeau, derrotado en Sipe-Sipe, se hallaba en retirada, diseminado por todo lo largo de la Quebrada de Humahuaca, sin disciplina, sin moral y sin organización.
La única esperanza de salvación estaba en Güemes y su ejército gaucho, y lo habían declarado ?enemigo de la Patria y opuesto a ha causa nacional?.
Verdaderamente una gran contradicción que opacó transitoriamente su luminosa trayectoria.
En esos momentos el interior de lo que había sido el Virreinato del Río de la Plata estaba convulsionado por las luchas de los caudillos entre sí o contra Buenos Aires.
Con los refuerzos recibidos, Rondeau resolvió marchar contra Salta para obligar a Güemes a que se entregue, para ser juzgado militarmente por haber retirado los fusiles de Jujuy. Para ello, le ofrece el mando de la Vanguardia a Arenales y éste le responde que prefiere comandar la vanguardia en dirección al enemigo realista y no contra sus hermanos salteños.
Güemes mandó emisarios para parlamentar pero fueron rechazados por Hondean quien siguió su marcha contra Güemes y el pueblo de Salta.
La permanencia de Rondeau en Salta no fue tan fácil como suponía, ya que pronto empezó a sentir que se encontraba solo. La población desapareció, no tenía alimento para las tropas ni para la caballada y no había previsto el abastecimiento necesario.
Güemes, mientras tanto, se fue retirando y con la habilidad y rapidez que le eran características, envía emisarios a los campos de Jujuy y los moviliza a su favor. Los escuadrones de gauchos atacan por sorpresa a las patrullas que mandaba Rondeau a buscar subsistencia y hasta le hacen desaparecer la caballada y el ganado en pié que llevaban para consumo.
Estas tropas, con su General al frente, estuvieron tres días acorraladas en la ciudad de Salta y luego siguieron camino hacia Cerrillos distante tres leguas.
Allí, practicamente a pie y alimentados únicamente con los racimos de uva de una viña del vecindario, se vieron obligados a parlamentar.
Todo se arregló y todo lo declarado con anterioridad quedó sin efecto, por medio de un acuerdo conocido como ?la Paz de los Cerrillos?, firmado el 22 de Marzo de 1816.
Rondeau y su ejército volvieron a Jujuy, con todos honores de una derrota, según la calificó el General Paz en sus memorias.
Güemes olvidó pronto las injurias y ofensas recibidas perdonando a los autores de las mismas y continuó recorriendo el camino del honor y de la gloria.
El Congreso ele Tucumán, que comenzó sus deliberaciones dos días después, aplaudió este pacto y hasta Don José de San Martín, cuando llegó la noticia a Mendoza, ordenó una salva de veinte cañonazos. iluminación de edificios y repiques de campanas.
A partir de entonces, todas las miradas se volcaron al Congreso Tucumán, esperando que se produjera una declaración trascendental para las generaciones futuras.
Allí pues, se llega al momento culminante en que los diputados elegidos deben pronunciarse por la conveniencia de declarar o no la independencia.
San Martin estaba impaciente en Mendoza porque él quería llegar a Chile como General de un ejército que representara a una nación libre e independiente y no como una fuerza que representara a un país sublevado contra el dominio colonial.
Güemes también presionaba por la misma causa ya que su provincia era el muro de contención para que el dominio colonial no se expandiera por todo el territorio.
Previo a ello, el problema se planteó cuando los diputados debían elegir quien seria el que asuma como Director Supremo. Los de Buenos Aires querían a un porteño y los provincianos anhelaban para que fuese uno de tierra adentro y se llegó a un punto muerto, muy difícil ele salir. Eran varios los candidatos y ninguno tenía consenso entre unos y otros.
En esta oportunidad Güemes, a través de los diputados de los Cabildos de su provincia, sugiere que voten por un hombre que si bien era porteño, sería respetado por los alto - peruanos y salteños y estaba propuesto por los cuyanos, cuyo gobierno ejercía San Martín.
Ese hombre fue Don Juan Martin de Pueyrredón, diputado por San Luis, quien resultó elegido por veintitres representantes, sobre un total de veinticinco. Considerando que Don Juan Martín no votó por sí mismo el triunfo, fue con un solo voto en contra.
Una de las primeras medidas que tomó Pueyrredón como Director Supremo fue viajar a Salta para entrevistarse con Güemes, luego viajó a Jujuy para ver de cerca lo que quedaba del ejército auxiliar al mando de Rondeau y, después, nuevamente, se entrevistó con Güemes en el Fuerte de Cobos, antes de regresar a Tucumán. Allí quedó concertado que toda la responsabilidad ele la defensa del país estaba a cargo de Don Martín Miguel y que el ejército se replegara a Tucumán para su reorganización, quedando al mando de Belgrano por segunda vez.
Pocos días después, el 9 de Julio, se declaró la independencia, surgiendo al concierto de los pueblos del mundo una nueva y gloriosa nación.
Al poco tiempo, y en momentos muy difíciles para el país, el flamante Director Supremo, el primero de una nación libre e independiente, resuelve viaje a Buenos Aires para ejercer el cargo efectivamente. Previo una entrevista en Córdoba con el Gobernador de Cuyo, Don José de San Martín, donde le prometió su total apoyo para la formación del Ejército de los Andes.
Estas dos decisiones de Pueyrredón, los nombramientos de Güemes y de San Martín, fueron de gran trascendencia para la liberación de América. Resulta sugestivo y hace pensar cómo se fueron desarrollando esos acontecimientos, al punto tal que parecería un plan preparado de antemano por estos tres Martín: San Martín, Juan Martín y Martín Miguel.
Güemes conocía a Pueyrredón desde la primera Invasión Inglesa en Buenos Aires; después fue su escolta en el penoso viaje con los caudales de Potosí; luego prestó servicios en el Ejército cuyo mando ejercía Pueyrredón. San Martín conocía a Güemes desde su confinamiento en Buenos Aires y viajaron juntos hacia Tucumán y prestó servicios a sus órdenes en las Avanzadas del Río Pasaje o Juramento como ya vimos anteriormente.
Pueyrredón conocía a San Martín más íntimamente desde que este último lo visitó en San Luis, durante su confinamiento dispuesto despues de la revolución del 8 dc octubre de 1812.
Volvieron a encontrarse en Mendoza, cuando Pueyrredón le retribuyó la visita y conferenciaron largamente, levantando el confinamiento de Don Juan Martín.
Este volvió a Buenos Aires en Febrero de 1815 y a fines de ese año fue elegido representante de San Luis en el Congreso de Tucumán, con el apoyo del Gobernador de Cuyo, Don José de San Martín y de Don Vicente Dupuy, Teniente Gobernador de San Luis. Con estos antecedentes no es aventurado decir que fue un plan preparado por los tres Martín.
Este plan se cumplió a la perfección, constituyéndose en el salvador de la Independencia Argentina y Sudamericana. Gracias a este plan de los tres Martín nacieron las dos únicas campanas triunfantes: La campaña de los Andes y la Campaña de Salta.
Las anteriores terminaron en derrotas: Huaqui, Vilcapugio y Ayohuma, y Sipe-Sipe.
Güemes, con la frente bien alta y su prestigio acrecentado por todos estos acontecimientos, continuó cumpliendo la misión encomendada y rechazó con solamente su ejército de gauchos todas las invasiones que lanzaron desde el Perú y Alto Perú, las autoridades realistas.
Fueron varios años de lucha casi permanente hasta que llegó el momento de tener que cumplir con el plan continental que tenía en mente el Libertador General San Martín, al momento de nombrarlo (General en Jefe del Ejército de Observación sobre el Perú. con fecha 8 de junio de 1820.
Güemes se da cuenta que es una pieza importante dentro de ese pian, justamente en el momento que cl país se desangraba en una lucha fratricida y había desaparecido toda autoridad nacional. Lo sorprendente de todo esto es que Güemes no obstante sor un conductor dentro de la zona de operaciones, que era su provincia, puedo ver, con visión estratégica, que la salvación del país está en el teatro de la guerra fuera del territorio nacional para llegan al centro del poder realista; que dependía de la suerte que pudiera acompañar a San Martín al otro lado de los Andes; con un ejército transportado por mar hasta el Perú, y con otro marchando por tierra, para aferrar y distraer las fuerzas que podrían perturbar al primero. De allí su gran preocupación.
El General del Ejército de Observación sobre el Perú se puso de inmediato a organizar sus fuerzas, pero so encontró con el gravísimo problema que todo le faltaba y que los pedidos que hizo a los gobernadores de las otras provincias no fueron satisfechos porque se encontraban luchando unos contra otros y no veían más allá de los límites de sus provincias.
Aún así logró reunir cerca de tres mil hombres de pelea que aunque mal armados y pertrechados, estaban dispuestos a marchar. Este plan combinado entre San Martín y Güemes contaba también con una rebelión que debía estallar en las provincias del Alto Perú, adonde Güemes había mandado sus emisarios.
Surge claramente que todo este plan de los dos Martín (con Pueyrredón ya no podían contar porque había renunciado) so vino preparando con anticipación y la prueba evidente de esto es que Güemes conocía el derrotero de San Martín en el Pacífico con el detalle y fecha de cada etapa.
Esto queda corroborado por el envío de una avanzada al mando del Coronel José María Lanza a Inquisivi, a 80 km de la ciudad de la Paz y del Coronel Manuel Almonte, Tarapacá, en la costa del Pacífico, entre Iquique y Arica, para asegurar la comunicación de ambos generales.
Todo estaba casi listo para marchar. Güemes le escribe a O?Higgins el 2 de diciembre de 1820 diciéndole que parte con sus divisiones de gauchos y algunas unidades equipadas de línea, que aunque mal armadas, llevan grabado el lema: MORIR POR LA PATRIA ES GLORIA
Es en esos momentos, cuando todo hacía suponer que el Ejército de Güemes pasaba a la ofensiva estratégica, después de haber realizado durante tantos anos la defensa operativa que todo queda demorado por el gran obstáculo que se presenta y que oscurece su límpida trayectoria a punto tal que le impide cumplir momentáneamente con su parte en el. pian, lo que significaba dejar a San Martín solo y librado a su propia suerte.
Este gran obstáculo lo pone cl Gobernador de Tucumán Don Bernabé Aráoz, en complicidad con los enemigos internos de Güemes, que ya habían mantenido contacto con los enemigos ex ternos. Estos hilos de la conjura lo manejaban desde Lima y se fue preparando con mucha anticipación, teniendo como personero principal al General Olañeta.
Lo que querían los realistas era que Güemes no partiera con su Ejercito hacia el Perú y se valieron de todas las patrañas para conseguirlo.
Giiemes advierte con gran visión de conductor que no puede alejarse por la Quebrada de Humahuaca dejando a su retaguardia a un enemigo potencial, que podría cortarle las líneas de. Abastecimiento y comunicación con su base de operaciones, que era la provincia de Salta.
Entonces resuelve solucionar primero este problema Ahí se ve envuelto en una guerra inter - provincial que no era deseada por él y marcha Hacia Tucumán
Aprovechando la situación de la ausencia de Güemes, los integrantres de la ?Patria Nueva? lo destituyen como gobernador, viéndose momentáneamente obligado a abandonar la campaña emprendida y regresar a Salta, donde fue aclamado por el pueblo y las tropas, recuperando el poder sin disparar ni un solo tiro el 31 de Mayo de 1821.
Los cabildantes rebeldes duraron sólo siete días en el poder y se apresuraron en desaparecer; unos se encerraron en sus casas; otros marcharon hacia Tucumán y los mas enconados adversarios marcharon hacia el campo realista, buscando apoyo para reconquistar y ocupar salta.
Esa fue la más oscura sombra que tuvo su brillante trayectoria: la sombra de la traición. No obstante ello, los perdonó y sólo aplicó sanciones pecuniarias a título de préstamos voluntarios.
Pero, mientras Güemes se dedica a reorganizar sus milicias para cubrir la frontera con el Alto Perú, amenazada por Olañeta y continuar al Perú en cumplimiento del Plan, los adversarios políticos entregados al enemigo traman una sorpresa y logran hacer penetrar en Salta, sin ser vista, una fracción realista al mando de ?El Barbarucho?, que ocupa la plaza principal.
Sólo esta nueva traición podía oscurecer totalmente la luminosa trayectoria de su vida, y ese 17 de Junio de 1821 la sombra más negra se abatió sobro nuestro prócer, terminando su joven existencia y desmembrando el gigantesco plan estratégico proyectado, en coincidencia, por los ?dos Martín?.
La muerte de Güemes hizo creer a sus enemigos realistas y no realistas que la resistencia por parte de las milicias gauchas había concluido, pero se engañaron completamente. Pocos días después, antes de que hubiera transcurrido un mes de su desaparición, el movimiento de las milicias gauchas fue tan poderoso que Olañeta se vio cercado e imposibilitado de moverse de la ciudad, donde se había instalado como si fuera el propietario.
La guerra gaucha, con todas sus características y corno si siguiera conducida por su creador , le fue cerrando el círculo, obligándolo a pedir un armisticio, que le fue concedido el 14 de Julio de 1821 por el Cabildo. Los cabildantes de la ?Patria Nueva? aprobaron este armisticio el día 21 de Julio de 1821, al cumplirse justo un mes de la desaparición física de Güemes y de su paso hacia la inmortalidad.
Se cumplía así el objetivo de Güemes, que ya era como una obsesión: la Libertad de Su Patria, tanto de su Patria Chica como de la Patria grande. Pero si bien se cumplió el objetivo de su vida, se modificó lo que podría haber sido la historia de la Nación Argentina, porque no pudo cumplirse el ?plan de los dos Martín?, concebido por ambos Generales.
El libertador San Martín llegó a la entrevista de Guayaquil debilitado y, a continuación, se retiró al ostracismo.
El alto Perú se separó con más los 400 km de costa sobre el Pacífico, con lo que Salta y por consiguiente nuestro País, perdió su salida al mar por el oeste. Pero, la Historia se escribe con lo sucedido y no con lo que podía haber sucedido.
De todas formas, la férrea resistencia de Güemes obligó a los realistas a emplear todos sus refuerzos llegados de España y gran parte de sus mejores batallones que lucharon contra Bolivar, debilitando el Ejército de Morillo y permitiendo que el Libertador del Norte hiciera pie nuevamente en el continente e iniciara su cruzada libertadora de norte a sur mientras San Martín liberaba a Chile y a Perú de sur a norte.
Así se concretó la derrota del poder realista y la liberación definitiva de nuestra América del Sur.
Dije anteriormente que el 17 de Junio de 1821 se produjo la desaparición física de Güemes para pasar a la inmortalidad, porque en esa misma fría y negra noche comenzó a brillar en el firmamento de los héroes una nueva estrella.
Esa nueva estrella que empozó a iluminar con una luz muy tenue al principio, fue acrecentando su brillo con el correr de los años y hoy, en 1994, a ciento setenta y tres años de su desaparición, brilla como una estrella de primera magnitud, gracias a la dedicación y al empeño do nuestros historiadores salteños y no salteños, que investigaron y descubrieron documentos que probaron lo contrario de las leyendas que oscurecieron, en muchos casos, la trayectoria de su vida.
Hoy no puede haber equívocos ni malas interpretaciones, ni juicios hechos a la ligera porque todo está documentado en la magnífica obra del doctor Luis Güemes, concluida de editarse en el año 1990, titulada ?Güemes Documentado?, y que ya se encuentra en casi todas las bibliotecas del país.
Esa estrella que brilla con luz potente en el firmamento de los héroes, seguirá brillando, aún con mayor intensidad, mientras exista el instituto Güemesiano para difundir y hacer conocer a las generaciones presentes y futuras la luminosa trayectoria de la vida de nuestro prócer. porque a medida que más se lo conoce, se puede decir justicieramente y sin temor a ser exagerado, que el General Don Martín Miguel de Giiemes es un Padre de la Patria.